Cine: La bailarina Pina Bausch
La obra en la que se origina la larga fila de bailarines que, saliendo del teatro al exterior y recorriendo el paisaje, va dando la tónica del tiempo que transcurre entre los actos creativos de Pina Bausch, se titula Nelken (Claveles, de 1982), en el documental nominado a los Oscar, Pina, de Wim Wenders (actualmente en el Coral Gables Art Cinema).
Varias otras obras de la coreógrafa fueron seleccionadas por Bausch, en colaboración con Wim Wenders, antes de que ella falleciera, entre ellas Café Müller, con música de cinco arias de Fairie Queen, de Purcell. En ese ballet aparece la bailarina en un pietaje recogido por el cineasta, que procede de principios de la década del año 80, y otro del 2000, en Tokio, ya que él nunca pudo filmarla directamente. Al margen, una fiel asistente informa que siempre le pedían a Pina que bailara en algunas de sus obras, y muestra la maqueta del escenario para Café Müller, magistralmente diseñado por Rolf Borzik.
Café Müller es reconocido mundialmente, y parece que fue un preferido de Bausch. Ella buscaba representar las experiencias vividas con cuadros psicológicos. La excelente crítica de The New York Times, Anna Kisselgoff escribió sobre esta pieza en 1984: “Lo que ves es lo que hay, una experiencia teatral altamente cargada, que representan bailarines maduros, aparentemente gastados por la vida antes de comenzar a vivir. La emoción emana de la altamente controlada energía, el brillante uso del espacio, la superposición cinemática y la corriente de imágenes”. No todos los críticos estuvieron de acuerdo. Algunos pensaron que era aburrida, larga y tediosa, pero Wenders supo entender el significado de la obra, que se desarrolla en un café desierto, un sitio público con mesas y sillas, donde la Bausch va deambulando en ropón de dormir, con los ojos cerrados. Es como una sonámbula entre un grupo de sonámbulos a su alrededor, tal como pasa en la vida real, cuando uno se ve rodeado de gente emocionalmente vacía, dice Kisselgoff. Aunque Arlene Croce los caracterizó como pacientes psiquiátricos en la cantina de un hospital ( The New Yorker, 1984).
Pero al revés de todo eso, veo otro significado, y es la exploración del hecho de que toda bailarina, tanto en el ballet clásico como en la danza contemporánea, depende de su partenaire para poder lanzarse al aire y volar. Ella debe confiar en las cargadas y en cada movimiento que dependa del bailarín. Aquí la coreógrafa cegó a las bailarinas, para crear eso que llamamos “fe ciega”. La bailarina con los ojos cerrados baila en un salón lleno de sillas, confiando en que el compañero las apartará para ellas y no la dejará caer. Esto es más que baile, es crearle conciencia al observador de lo que significa la danza, penetrar profundamente en su significado, en una especie de meta-teatro-danza que informa al espectador sobre la pareja y el papel de ambos en el balance de la bailarina ¿o quizás en general, de la pareja dentro de la sociedad?
Esas relaciones entre hombre y mujer son vitales para la comprensión del teatro danza de Bausch, su Tanztheater. La razón era penetrar en el significado de las cosas, de lo que puede hacer el teatro o la danza en vivo para nosotros, dándonos una profunda visión de nuestro papel social y de nuestras relaciones vitales.
Esta historia fue publicada originalmente el 23 de febrero de 2012, 5:02 a. m..