Cuba

¿Por qué el exilio no se indigna con las deportaciones de los cubanos?

Sin previo aviso, el gobierno de Trump puso a 120 cubanos fuertemente escoltados en un vuelo charter a La Habana el pasado 6 de septiembre y los deportó.

Sin más, se hizo historia sin precedentes con la deportación masiva a una dictadura despreciable.

Se vieron protestas en la Calle Ocho, en frente de inmigración, o de la Torre de la Libertad?

No; solo una lista de líderes demócratas que celebraron una conferencia de prensa para decir: Esto está mal.

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En otro golpe a los peticionarios de refugio, el presidente Donald Trump también intenta poner fin al proceso de asilo, alguna vez sacrosanto, que ha traído a tantas personas que huyen de la persecución a este país, incluidos los cubanos que ayudaron a hacer de Miami una ciudad global.

Hay miles de cubanos varados en la frontera entre Estados Unidos y México y en terceros países como Guyana y Panamá que intentan llegar a Estados Unidos. Y hay miles más, esperanzados y esperando en Cuba a que se reinicie el estancado programa de reunificación familiar.

Ya no hay asilo que se pueda pedir. No hay reunificación familiar como prioridad de la política de inmigración.

Y ahora, deportaciones masivas — y más por venir.

Si esto hubiera sucedido en cualquier otro momento de la historia del exilio cubano que no fuera la era de Trump, las calles de Miami estarían en llamas de indignación y los teléfonos de nuestros representantes en el Congreso estarían repicando sin cesar.

Permítame un retroceso histórico relevante para poner la época en contexto.

En 1982, cuando el director de inmigración en Miami leyó mal las señales de discordia en la comunidad sobre el éxodo del Mariel y deportó al polizón cubano Andrés Rodríguez Hernández, el enfrentamiento entre los exiliados que protestaban y la policía de Miami fue épico.

Se convocó un panel para examinar el comportamiento de los exiliados y las acciones de los agentes de policía que arrestaron a 13 personas durante la manifestación improvisada frente al edificio de inmigración en el centro de Miami. Ambas partes recibieron amonestaciones verbales menores, pero la verdadera labor del panel fue hacer las paces con la comunidad. El director de inmigración fue reemplazado por un designado del presidente Ronald Reagan que entendió a Miami; los cargos contra los manifestantes se retiraron.

Lo sé porque estuve allí informando sobre todo ello.

Y ese es apenas un ejemplo de las muchas manifestaciones que sacudieron a Miami por un tema de Cuba u otro. Mediante protestas y votaciones, los cubanos se ganaron el respeto que acompañó su creciente poder económico y político.

Ahora adelantémonos hasta el pasado julio.

Pocos en Miami levantaron su voz cuando el gobierno de Trump le negó la residencia permanente al activista exiliado Ramón Saúl Sánchez, quien dirigió la organización Movimiento Democracia y organizó “flotillas por la libertad” en la frontera marítima con Cuba.

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La solicitud de residencia permanente de Ramón Saúl Sánchez (centro), un líder cubano con décadas de activismo en el sur de la Florida, fue rechazada por las autoridades de inmigración de Estados Unidos. En la foto, Sánchez anuncia una protesta el 12 de abril de 2016 contra la medida del régimen cubano de impedir que cubanos y cubanoamericanos viajen por mar a la isla. CARL JUSTE cjuste@miamiherald.com

La decisión, comunicada en 17 páginas, dejó a Sánchez en el limbo inmigratorio con sus apelaciones a las negativas de administraciones pasadas casi agotadas, y figurando en la larga lista de deportaciones de Trump. Podría ser deportado a la Cuba que dejó hace 52 años cuando era niño, a manos del gobierno contra el cual luchó en el exilio.

“Entre las justificaciones para negar mi residencia citaron las Flotillas Cubanas de la Libertad y las huelgas de hambre que realicé”, dijo Sánchez al Herald. “Según los funcionarios, esas actividades fueron confrontaciones con Estados Unidos. Eso es falso. Al único que enfrenté fue el régimen cubano”.

Toda una gracia por parte de Trump, el patriota, el guerrero anticomunista que sanciona al gobierno cubano casi terminando relaciones y permitiendo a los cubanoamericanos demandar a los europeos y a las líneas de cruceros por usar propiedad robada.

Sí, estoy siendo sarcástica porque ese no es el final de la historia.

¿Ustedes creen que Sánchez culpa a la línea dura de Trump sobre la inmigración y su experimento social Make America White Again (Hagamos de América un país de blancos otra vez)?

No.

“Mi petición es que esta situación se presente ante las más altas autoridades de Estados Unidos”, dijo Sánchez, esperando aún que Trump lo rescate. “Parece que todavía hay funcionarios que toman decisiones alineadas con las políticas de Obama [el ex presidente Barack] diseñadas para complacer al régimen cubano y neutralizar a los activistas”.

Verifiquemos la realidad: Todas las administraciones han tratado de frenar a los activistas cubanos en el exilio cuando cruzan una determinada línea. ¿Sánchez ha olvidado la investigación federal de Omega 7 que logró arrestos en 1983 por terrorismo bajo el canto de Reagan “Cuba sí, Castro no”? Imposible, porque Sánchez estuvo cuatro años en prisión por negarse a dar testimonio ante un gran jurado sobre el caso, la verdadera razón por la cual se le niega la residencia una y otra vez.

Sí, fue el presidente Obama quien, en su última semana como mandatario, eliminó la política general de “pies mojados, pies secos” de la era Clinton que permitía a los cubanos que llegaban a Estados Unidos permanecer aquí legalmente. Y fue Obama quien firmó un acuerdo conjunto con el gobierno cubano el 12 de enero de 2017, que permite a las autoridades de inmigración deportar rápidamente a ciudadanos cubanos considerados “inadmisibles” por cualquier razón.

Pero Trump alegremente está poniendo en práctica una política de deportación que es discrecional.

Y los únicos que objetan y defienden a los cubanos son demócratas como el representante estatal José Javier Rodríguez y el ex subsecretario adjunto de Defensa para Asuntos del Hemisferio Occidental de Obama y ahora profesor de la Universidad Internacional de Florida, Frank Mora.

El gobierno de Trump, dijo Mora, “quiere que pensemos que todos los cubanos que son deportados son delincuentes. Eso sencillamente no es cierto”.

Si los deportados fueran todos criminales, el gobierno no tendría ningún problema en entregar al Herald la lista de deportados en lugar de pedirnos que presentemos solicitudes de Libertad de Información que nunca son respondidas.

En su veneración por el culto a Trump, los republicanos cubanoamericanos de Miami se han olvidado de su gente.

Pero las listas de deportación son bipartidistas.

A continuación, la descripción de un hombre cubano que enfrenta la deportación, que el hermano de un destacado republicano que buscaba mi ayuda para mantenerlo aquí, me envió en 2017:

“El hombre cubano ha vivido en Estados Unidos durante más de 30 años. Su hija presta servicio en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. Tiene fecha de deportación. Ha vivido aquí en Tallahassee durante mucho tiempo y ha sido un ciudadano modelo. Fue arrestado a principios de los 80 por una pelea que hoy no sería un delito grave”.

Lo llamé para pedirle una actualización sobre el caso a la luz de las deportaciones.

El senador Marco Rubio, como era de esperar, porque este caso involucra a un amigo republicano, intercedió en ese entonces.

Pero, ¿qué pasa con todos los demás miles de cubanos que posiblemente están en el mismo camino a la deportación?

La política de Trump con respecto a Cuba nunca tuvo sentido.

Por un lado, restringir severamente la presencia de estadounidenses ha aniquilado la explosión de influencia estadounidense en la isla que agitó las cosas durante la época de Obama. Trump cayó directamente en manos de los intransigentes cubanos antireformistas y los rusos, que querían que los estadounidenses recuperaran su fortaleza.

Esta política solo funciona para Trump políticamente en Miami.

Complació a un sector de votación conservadora de la población cubanoamericana, cada vez más reducido pero fiel, que lo ayudará a ganar nuevamente en la Florida, un estado que es políticamente indeciso.

Pero lo cierto es que este último capítulo, la deportación masiva sin precedentes de cubanos a la isla, está en contravía con su enfoque de línea dura.

¿Cómo se puede devolver a la gente a una dictadura vil a la que se ha sancionado fuertemente y cuyos abusos contra los derechos humanos están a la vista todos los días?

No tengo una bola de cristal.

Pero las deportaciones no son un buen augurio para los cubanos en ambos lados del estrecho de Florida.

Twitter: @fabiolasantiago. Correo: fsantiago@miamiherald.com.

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