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Un hombre con orden de arresto seguía libre. Una niña fue asesinada. Cómo el sistema le falló a Hania Aguilar.

Mientras el sol salía en un cálido día de noviembre, Hania Aguilar estaba parada junto a un SUV con el motor encendido afuera del tráiler de su familia en Lumberton. Vestía jeans azules y una camisa con flores, y estaba esperando a una persona que iba a llevarla a su escuela secundaria.

No muy lejos, sus vecinos vieron a un hombre vestido de negro que pasaba junto a sus trailers. Una mujer que iba camino al trabajo se asustó cuando vio pasar al hombre y fingió hablar por teléfono. Otros dos vecinos en el parque de trailers reportaron que el extraño, que usaba una máscara, entró a su porche y trató de entrar su trailer.

Alrededor de las 7 a.m., Kimberly, prima de Hania, miró por la ventana de su trailer y vio que un hombre vestido con ropa oscura y una bandana amarilla agarró a Hania –de 13 años de edad– la sacó del patio, la metió en la Ford Expedition de su familia y se alejó conduciendo mientras ella gritaba.

Veintidós días después, los investigadores encontraron el cuerpo de la niña de octavo grado en un pantano del condado de Robeson a 11 millas de distancia. Había sido violada y probablemente asfixiada.

Los crímenes dieron inicio una cacería masiva liderada por el FBI, enviando a cientos de investigadores tras un asesino vestido de negro. El 8 de diciembre acusaron a Michael McLellan, un ex convicto de 34 años de edad de la cercana Fairmont.

Pero mientras llora el asesinato de su hija, la madre de Hania, Celsa Hernández, se ve obligada a considerar una verdad más dura: esto podría haberse evitado.

“Si este hombre cometió crímenes antes, no veo la razón por la que está libre”, dijo Celsa Hernández a un reportero de News & Observer en español. “No lo entiendo.”

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On the evening of Nov. 27, 2018, investigators found Hania Aguilar’s body submerged in water under a plastic table in a swampy area off of Wire Grass Road in Orrum, NC, about 11 miles from Rosewood Mobile Home Park where she lived. Julia Wall jwall@newsobserver.com

Tres agencias policiales distintas tenían el poder de arrestar y detener a McLellan por una serie de crímenes cometidos semanas antes del secuestro de Hania. Si lo hubieran hecho, McLellan podría haber estado tras las rejas el 5 de noviembre en lugar de haber ido hasta el patio de Hania en Rosewood Mobile Home Park.

En septiembre de 2017, más de un año antes del secuestro de Hania, la Oficina del Sheriff del condado de Robeson recibió evidencia del laboratorio criminal del estado que conectaba el ADN de McLellan con un caso de violación en 2016. Nadie actuó sobre la base de esa evidencia hasta diciembre de 2018, después de que Hania fuera encontrada muerta.

El 16 de octubre, tres semanas antes del secuestro de Hania, la policía de la vecina ciudad de Fairmont emitió una orden de arresto contra McLellan, acusándolo de intento de robo y secuestro en segundo grado en un robo de vehículo que salió mal. Esa orden quedó sin ejecutarse hasta el 13 de noviembre, ocho días después de la desaparición de Hania.

Y el 17 de octubre, la Comisión de Supervisión Post-Liberación y Libertad Condicional del estado emitió una segunda orden para el arresto de McLellan, indicando que había violado los términos de su reciente liberación de prisión. Nada pasó hasta el 13 de noviembre, mientras que las súplicas de la madre de Hania eran cada vez más desesperadas.

El hecho de no haber arrestado a McLellan antes del asesinato de una niña de 13 años representa una grave falla del sistema de justicia penal que pocos de los que trabajan en él están dispuestos a explicar o discutir.

El ex Fiscal de Distrito del Condado de Robeson, Johnson Britt, dijo que Hania “podría estar viva” si los agentes hubieran actuado en base a la evidencia de ADN. El Sheriff Burnis Wilkins, que asumió su cargo pocos días después de que el cuerpo de Hania fuera encontrado, dijo: “me enfurece, y tengo que lidiar con ello”.

Pero Wilkins ha rechazado entrevistas con The News & Observer, derivando las preguntas hacia el jefe de delitos mayores, quien prometió una declaración pero aún no ha dado ninguna información.

El Jefe de Policía de Fairmont, Jon Edwards, no devolvió múltiples llamadas de The N&O desde diciembre, cuando habló sobre los detalles del intento de robo de vehículo pero no sobre la orden pendiente para la detención de McLellan.

Cuando The N&O preguntó sobre el par de órdenes de arresto no ejecutadas, una portavoz del Departamento de Seguridad Pública del estado dijo que los oficiales de libertad condicional estaban “cooperando con el departamento de policía local,” y citando una ley que mantiene la confidencialidad de la información del individuo en libertad condicional. El estado esperaba que la policía de Fairmont ejecutara la orden de arresto y creía que le buscara.

Un portavoz de la oficina del Gobernador de Carolina del Norte, Roy Cooper, dijo por correo electrónico, “Es un caso trágico y es de mejor interes a la seguridad pública que todas las agencias policiales involucradas revisarlo con cuidado y usar las lecciones que pueden usar de él.”

Una portavoz del Procurador General de Carolina del Norte, Josh Stein, dijo: “La muerte de Hania Aguilar fue una tragedia. Deberíamos hacer todo lo posible para que esto no vuelva a pasar.”

Wayne Horne, gestor municipalde Lumberton, dijo que la muerte de Hania tiene un impacto profundo. Es aterrador para cualquier padre, dijo, porque la niña fue secuestrada de una forma aleatoria.

El caso de Hania también puede ilustrar lo que sucede en un pueblo rural donde las fuerzas del orden están abrumadas por un nivel de violencia poco común. Horne dijo que cada detective de policía puede trabajar 300 casos al año.

“Uno de los factores más importantes es que el Condado de Robeson tiene demasiado con lo que lidiar”, dijo el alcalde de Lumberton, Bruce Davis. “Es difícil culpar a alguien”.

‘Actúan como si no fuera nada’

Desde cualquier punto de vista, el Condado de Robeson se parece muy poco a Raleigh, y pocos forasteros pasan por allí excepto en la Interestatal 95, incluyendo las millas hasta Florida.

Con una población de aproximadamente 132.000 habitantes, el condado tiene menos habitantes que Cary. Ningún otro condado de Carolina del Norte comparte su composición étnica: 31 por ciento blancos, 23 por ciento negros, 41 por ciento indígenas americanos –la mayoría de los cuales se identifican como Lumbee, una tribu sin reconocimiento federal.

Casi un tercio de la población vive en la pobreza, el triple que en el condado de Wake.

Toda estadística lo califica como pobre y peligroso. Cuando el Condado de Robeson aparece en titulares, el tema suele ser el crimen violento. Desde 2014, el índice de criminalidad de Robeson ha sido el más alto de los 100 condados de Carolina del Norte: 5.874 delitos por cada 100.000 personas. El padre de la leyenda de la NBA Michael Jordan fue notoriamente asesinado en 1993.

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A purple ballon tied to a stop sign in honor of Hania Aguilar floats in the wind outside the Rosewood Mobile Home Park where she lived on March 29, 2019, eight days after she would have had her 14th birthday. Julia Wall jwall@newsobserver.com

Rosewood Mobile Home Park, donde vivía la familia de Hania, se encuentra en Elizabethtown Road, donde una deteriorada carretera de tierra lleva hasta trailers con láminas de aluminio arrancadas y madera contrachapada o plástico sobre las ventanas.

En Fairmont, la ciudad natal de McLellan, con una población de 2.678 habitantes, las calles del centro de la ciudad están casi vacías en las mañanas de días laborables. La farmacia tiene sus ventanas cubiertas, al igual que muchas otras tiendas vacías con puertas con candados y sin ventanas.

En el centro de Lumberton, los residentes hacen una pausa para recordar la historia del secuestro de Hania; la memoria ya no está fresca.

Muchos tienen horrores más recientes que procesar. Esta misma semana, el periódico The Robesonian publicó una historia sobre una pareja de allí acusada de apuñalar a su vecino de 55 años hasta matarlo.

En el centro de Lumberton, Kimberly Norton tuvo problemas para recordar el caso de Hania mientras fumaba un cigarrillo frente a la corte. Pero comentó de inmediato que su hermana Rita Maynor murió el año pasado en Pembroke — su cuerpo descompuesto fue descubierto después de varios días. La autopsia atribuyó su muerte a causas naturales, pero Norton dijo que la muerte de su hermana provocó poco interés en los investigadores.

“Es triste”, dijo ella. “Actúan como si no fuera nada. No me malinterpretes. Sé que la gente fuma drogas. Mi hermana fumaba drogas. Pero actúan como si estuviera bien que los mataran.”

Celsa Hernández se asentó en este ambiente hace 14 años, trasladando a sus tres hijos desde Alabama hasta Rosewood Mobile Home Park y estableciendo lazos con otras familias latinas, las que predominan en el vecindario.

Ella tenía un instinto protector hacia Hania. A los 13 años, a la niña de octavo grado no se le permitía tener teléfono ni publicar en redes sociales, y tampoco se le permitía andar con chicos.

A Hania le gustaba la ciencia. Tocaba la viola. Su color favorito era el morado. Una vez, recordó su madre, Hania decidió afeitar a su perro Pedro, viéndolo luego correr por ahí “avergonzado y sin pelo”.

“Era una buena niña”, dijo Silvia Lujan, ex gestora de Rosewood. “Ella era feliz. Le encantaba la escuela. Adoraba a su hermana. Sé que sin duda amaba a su mamá”.

En la clase de octavo grado de Hania, nadie usa su iPad y su silla está vacía. Los otros estudiantes no dejan que nadie más los toque.

Problemas con las mujeres

Se sabe menos sobre McLellan, que vivía en la cercana Fairmont — una ciudad más pequeña y, en promedio, más pobre que Lumberton, con un ingreso familiar promedio de sólo 17.194 dólares.

Mitchell Addison se movía en los mismos círculos que McLellan, y describió a su conocido de la infancia como carente de cualquier influencia positiva mientras crecía. McLellan dejó la escuela secundaria después del 11º grado, según los registros de la corte, y Addison lo describió como poco inteligente.

“Es un pueblo pequeño”, dijo Addison. “Todo el mundo conoce a todo el mundo. Mientras crecía, él no tenía a nadie a quien admirar, nadie que te cubriera las espaldas”.

Pero Addison cree que las fuerzas de seguridad podrían haber vigilado más de cerca a su conocido de la infancia: “No debería haber estado en la calle”.

Cuando McLellan cumplió 16 años, según los registros de la corte, ya había acumulado un historial de violencia, condenado en el año 2000 por agredir a un niño menor de 12 años. Cuatro años más tarde, fue acusado de nuevo por un cargo similar.

Este historial criminal es coherente con los recuerdos de Addison, quien dijo que McLellan era propenso a andar con niños más pequeños. Lujan lo recordó merodeando por el parque de trailers de Rosewood, donde demostró una falta de respeto tanto por las mujeres como por la autoridad.

“Sé por experiencia que no le gustaba que una mujer le dijera qué hacer”, dijo. “Trataba a las mujeres como si no fueran nada”.

Luego, en 2005, McLellan se metió en más problemas. La policía de Fairmont lo acusó de irrumpir en un apartamento en la noche de Año Nuevo, dispararle a Teena Marie Lewis tres veces y golpear a su hija de 3 años, Brianna.

“No está muy claro por qué fue a agredir a la srta. Teena Lewis”, dijo el entonces jefe de policía de Fairmont, Robert Hassell, a The Robesonian, tras el arresto de McLellan. “Estuvo bebiendo mucho esa noche.”

Lewis sobrevivió al tiroteo, y McLellan se declaró culpable de un par de delitos graves que lo enviaron a prisión por un mínimo de 10 años. Liberado en 2016, una década después del crimen, McLellan se metió en más problemas y no tuvo nada parecido a una vida estable.

Cuando salió de prisión, McLellan tenía un par de lágrimas tatuadas bajo el ojo derecho. En su página de Facebook, se describía a sí mismo como arquitecto paisajista, aunque los documentos de la corte indican que dormía en vehículos abandonados en Lumberton, cambiando de dirección constantemente.

Sus problemas con las mujeres continuaron.

“Hola, mis hermosas reinas”, publicó en Facebook en 2016. “Estoy buscando a la mujer de mis sueños. Pero las mujeres ahora son tan (improperio) y tratan de jugar con los sentimientos de la gente”.

Violación en 2016

El 16 de octubre de 2016, los agentes del sheriff en el condado de Robeson recibieron una llamada por una violación en Resa Loop Drive, una calle donde se sabía que había vivido McLellan, según los registros de la corte.

La mujer que vivía allí le dijo a los agentes que mientras dormía alguien había quitado el aparato de aire acondicionado de la ventana, entró y la violó amenazándola con un cuchillo, y preguntando durante todo el acto si lo reconocía.

La víctima en ese caso se sometió a un examen de agresión sexual, y la oficina del sheriff presentó pruebas de violación al laboratorio criminal del estado en enero de 2017. Los técnicos introdujeron el ADN en CODIS, una base de datos nacional manejada por el FBI, y encontraron una coincidencia con McLellan, cuyo ADN estaba en el sistema debido a un delito anterior.

Los resultados fueron enviados a los agentes del condado de Robeson nueve meses después, un tiempo de espera promedio para ese año.

Pero nada se hizo con ellos durante un año más. Los agentes del sheriff no actuaron a partir de esa coincidencia ni solicitaron una nueva orden de obtención de ADN de McLellan, tal como lo dictan las normas.

“Uno ve un crimen prevenible como éste y es difícil encontrar palabras”, dijo Ilse Knecht, directora de políticas y apoyo de la Fundación Joyful Heart, un grupo sin fines de lucro con sede en Nueva York que trabaja en la lucha contra la violencia sexual. “Es devastador. No se detienen hasta que alguien los detiene. Tenemos la ciencia y la tecnología para detenerlos. Es una tragedia total”.

Dos órdenes de arresto, con un día de diferencia

Tras un año fuera de prisión por el tiroteo, McLellan estaba de vuelta tras las rejas.

La policía de Lumberton recibió una llamada de Rock Star Auto Sales en julio de 2017, en la que el dueño Gerome Davis informó que un Mazda 6 rojo había sido robado.

Un día después, según los registros de la corte, Davis vio el Mazda robado y lo siguió hasta que el conductor salió de él con un salto y huyó corriendo. La policía atrapó a McLellan con el llavero del vehículo en su posesión y lo acusó de allanamiento de morada y robo de vehículo motorizado.

McLellan pasó 217 días en la cárcel esperando juicio en el condado de Robeson, así que para el momento de su condena, ya había cumplido gran parte de su sentencia de 11 meses.

Los registros muestran que, como parte de su supervisión post-liberación— la versión de libertad condicional de Carolina del Norte — debía mantener un record limpio y libre de drogas, reunirse con su oficial de libertad condicional y hacer pagos mensuales de $40.

Ese otoño, según los registros, habló abiertamente sobre “doing some licks”, un término de jerga que se usa para referirse a cometer robos. Esos registros muestran que tenía tres objetivos en mente, el último de los cuales era un parque de trailers cerca del concesionario Kia de Lumberton, donde creía que los residentes hispanos tenían drogas y dinero en efectivo. Rosewood Mobile Home Park se encuentra junto a un concesionario Kia cerrado.

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Michael Ray McLellan, 34, sits in court for his first appearance on charges of the kidnapping and murder of 13-year-old Hania Noelia Aguilar on Monday, Dec. 10, 2018, in Lumberton, N.C. Andrew Craft The Fayetteville Observer

Luego, en octubre, una mujer estaba sentada en su vehículo afuera de su casa en Fairmont cuando un hombre enmascarado entró, la apuntó un arma y le exigió dinero y el vehículo, dijo Edwards, el jefe de policía, en diciembre. “De hecho, ella reconoció su voz”, dijo Edwards, así que el agresor se quitó la máscara para “conversar un poco”. Insistió sobre el dinero, pero cuando la mujer dijo que sólo tenía $6, el ladrón se llevó el billete de $1 y le dejó los otros cinco.

Las órdenes de arresto nombraban a McLellan como el sospechoso, acusándolo de intento de robo y secuestro en segundo grado.

Esos cargos dieron lugar a emisión por parte del estado de la segunda orden de arresto por violación de libertad condicional/post-liberación. Los documentos presentados por una oficial de libertad condicional del condado de Robeson, Latoya Godfrey, muestran que McLellan también había fallado en una prueba de drogas y no había hecho los pagos mensuales.

La portavoz del Departamento de Seguridad Pública, Diana Kees, dijo en un correo electrónico que la división de Correccionales Comunitarios del estado “estaba cooperando con el departamento de policía local porque su orden judicial dio la base subyacente para la orden judicial del departamento”.”

“La división de Correccionales Comunitarios estaba cooperando con el departamento de policía de Fairmont, lo cual entendemos que estaban buscando a McLellan de manera activa para ejecutarse una orden de arresto,” Pamela Walker, la portavoz del Departamento de Seguridad Pública, escribió el jueves por correo eletrónico. “Antes, McLellan había estado cooperando con un (oficial de libertad condicional) y tenía en horario una cita con un oficial de libertad condicional el 7 de noviembre. Si las agencias policiales se había ejecutado la orden en este tiempo, la oficial de libertad condicional de McLellan habría planeado ejecutársela a McLellan cuando vendría.”

En enero, con Hania muerta y McLellan acusado tanto de su asesinato como de la violación de 2016, el sheriff Wilkins anunció que un agente sería despedido y que otro renunciaría tras de una revisión interna de la evidencia de ADN que fue pasada por alto.

Darryl McPhatter, el agente despedido, negó cualquier responsabilidad en un post en su cuenta de Facebook.

“La administración sabe que el resultado de ADN del caso de 2016 fue localizado en la oficina de otra persona junto con otros resultados de otros casos de ADN y que nunca me lo pasaron a mí”, escribió McPhatter. “Cualquiera que me conozca diría que si yo hubiera recibido el ADN, el sospechoso habría sido procesado y acusado. Yo no permitiría de ninguna manera que un violador camine por nuestras calles”.

Celsa Hernadez, la madre de Hania, no ha encontrado satisfacción hasta ahora.

“Realmente sigo decepcionada por todo esto”, dijo.

‘Ella tiene un plan’

En agosto de 2018, Hania comenzó el octavo grado.

Todas las mañanas, recordó la profesora de ciencias Alisha Kellogg, sonreía a los profesores y se dirigía a su asiento.

“La mañana que desapareció, uno de mis compañeros de trabajo se me acercó”, dijo Kellogg. “Los niños estaban diciendo: ‘Hania está bien. Ella tiene un plan. Va a encontrar la forma de volver”.

“Tenían esperanza hasta que encontraron su cuerpo”.

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A photograph of Hania Aguilar was included on her headstone, pictured here on Tuesday, April 23, 2019. The community raised the funds to pay for the headstone, which is now surrounded by purple and pink decorations. Julia Wall jwall@newsobserver.com

Cerca de 1.000 personas asistieron al funeral de Hania en diciembre. Sus amigos de la escuela hicieron su propio servicio memorial, leyendo cartas en voz alta. Globos de color morado siguen adornando la entrada de la escuela Lumberton Junior High, y a lo largo de Elizabethtown Road, algunos globos desinflados aún cuelgan en los postes telefónicos.

Sobre su lápida, una muñeca Barbie se mantiene sentada, inclinada por los elementos atmosféricos, pero aún conserva una tiara. Sobre la piedra se leen estas palabras en inglés y español: “Vuela alto hermosa angel” o “Fly high beautiful angel”.

Y en el lugar donde yace enterrada la estudiante de middle-school de Lumberton, el suelo está cubierto por docenas de ramos de flores— todas de color morado, el color que Hania habría elegido.

Los reporteros Dan Kane, Simone Jasper y David Raynor de The News & Observer contribuyeron con este artículo.

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