La ‘Seleçao' carga en sus hombros con el ánimo de todo Brasil

06/11/2014 11:03 AM

06/11/2014 10:21 PM

Enfundada en una bufanda ‘verdeamarela', Ana Carmo, propietaria de un quiosco de Sao Paulo, dice estar lista para la Copa del Mundo, con altas expectativas para su adorada selección.

“Están bajo fuerte presión. Están obligados a ganar”, afirma Carmo, de 35 años, que decoró su pequeña tienda de venta de periódicos con una gran bandera brasileña.

Los brasileños siempre aguardan que su ‘Seleçao' levante el trofeo de la Copa del Mundo cada cuatro años, y más aún ahora que los pentacampeones celebran el torneo en la cuna natal del “jogo bonito”.

Pero esta vez, el delantero estrella Neymar y sus 22 compañeros enfrentan también la carga de levantar el ánimo de una nación que no esconde su descontento tras una ola de protestas por los millones gastados en acoger la competencia que comienza este jueves.

Carmo está contenta de que los jugadores tengan una oportunidad de brillar en casa, pero al igual que muchos brasileños está preocupada sobre el dinero gastado en organizar la Copa.

“Brasil ha invertido y perdido mucho con el costo del torneo. El equipo debe ganar con un estilo ‘bonito'. La Copa es en Brasil. No pueden perder”, dice Carmo con una sonrisa optimista.

Luego de la euforia inicial por la elección de Brasil en 2007 para acoger la Copa, el apoyo popular al torneo ha caído en medio de atrasos en la construcción de estadios y de infraestructura de transporte, elevando la factura a 11,000 millones de dólares.

Un sondeo publicado el fin de semana pasado por la empresa Datafolha refleja el optimismo de Brasil sobre su equipo y el pesimismo sobre el legado del torneo: un 68% cree que ganarán el Mundial, pero un 54% dice que organizar el torneo traerá al país más perjuicios que beneficios.

Algunos hinchas lanzaron una advertencia a la selección brasileña el pasado viernes, al abuchear a Brasil tras una sufrida victoria 1-0 contra Serbia en un amistoso de preparación para la Copa celebrado bajo lluvia en Sao Paulo.

Marcos Guterman, autor del libro “El fútbol explica a Brasil”, dijo que los jugadores “enfrentan una presión mucho mayor que en circunstancias normales, que si el país estuviera en calma”.

“Con todos estos problemas, enfrentan una doble presión”, dijo Guterman .

“El estado de ánimo y el estado mental del hincha brasileño dependerá del desempeño de la Seleçao. Depende de Neymar y del resto del equipo”, dijo.

Lo que está en juego también es mucho para la presidenta Dilma Rousseff, que puede enfrentar la ira del país si Brasil es eliminado de la Copa antes de la final del 13 de julio en el estadio Maracaná de Rio de Janeiro.

Rousseff, que es candidata a la reelección en octubre, ha defendido una y otra vez la realización del torneo en Brasil, e insiste en que las inversiones en infraestructura beneficiarán durante años a los brasileños.

Pero muchos proyectos han sido aplazados y han tenido sobrecostos.

“La política y el fútbol están muy vinculados en esta Copa del Mundo”, dijo Jose Paulo Florenzano, un profesor de antropología de la Universidad Católica de Sao Paulo.

“Puede pasar cualquier cosa. Un buen desempeño de la selección nacional podría despertar sentimientos patrióticos y acallar las protestas. Inversamente, una eliminación inesperada podría desatar una ola de protestas”, dijo a la AFP.

El humor nacional está en baja. Los brasileños han esperado más de lo habitual para decorar sus calles, casas y coches con banderas brasileñas, y la amenaza de más protestas y huelgas arroja sombra sobre la Copa.

En la Copa del Mundo de 1970, la dictadura militar aprovechó la obsesión de la nación con el fútbol para distraer a la población de sus preocupaciones cotidianas, dijo Pablo Azevedo, un experto en administración del deporte en la Universidad de Brasilia.

Tras un desempeño decepcionante en el Mundial de 1966, dijo, el gobierno apoyó preparaciones inéditas para el equipo nacional que incluían el comienzo del entrenamiento bastante antes del torneo, la contratación de los mejores técnicos y partidos en altitud para adaptarse a las condiciones en Ciudad de México.

“Brasil celebró la victoria durante más de un año”, sostuvo Azevedo.

Pero los analistas dicen que Rousseff sólo gozará de un poco de calma si Brasil gana el Mundial, ya que debido a la campaña electoral deberá hacer frente a las preocupaciones del electorado poco después del torneo.

“Tendremos una tregua por un par de días, quizás semanas”, estimó Guterman. “Pero la realidad de Brasil sigue ahí. Todavía hay tensión sobre la situación económica y social”.

Mientras ordena las revistas en su quiosco, Carmo es optimista de que un triunfo de Brasil traiga al país el boom que necesita.

“Traerá muchísima felicidad a los corazones de los brasileños”, dijo, “y se olvidarán un poquito de sus problemas”.

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