LOS ANGELES -- El regreso del goleador Landon Donovan con la selección de Estados Unidos a la Copa Oro de la Concacaf que inicia el domingo, es una mala noticia para el Tricolor, pues el llamado Capitán América ha sido una piedra en el zapato mexicano desde su debut en estos torneos regionales.
Luego de casi un año de ausencia, Donovan, 31 años, volvió a vestir la casaca de las barras y las estrellas para anotar dos goles en la paliza de 6-0 que el seleccionado de Jurgen Klinsmann le propinó la noche del viernes en San Diego a su par de Guatemala.
Es importante haber anotado tantos goles antes de que empiece la Copa Oro. Eso nos da más confianza, dijo Donovan en la zona mixta al terminar el partido.
En su partido número 145 con la camiseta de las barras y las estrellas, Donovan marcó los goles números 50 y 51 de su carrera y consiguió la asistencia 49, para consolidarse como el líder histórico en ambos departamentos en el seleccionado estadounidense.
Líder goleador en dos ediciones de la Copa Oro (2003 y 2005), Donovan se había alejado del seleccionado nacional desde que inició la era de Klinsmann.
El jugador del Galaxy no figuraba en una alineación del Káiser K el 15 de agosto de 2012, cuando jugó 45 minutos contra México en la histórica victoria 1-0 en el Estadio Azteca.
Desde entonces se había perdido 17 partidos entre amistosos y los del hexagonal por las eliminatorias mundialistas de Concacaf.
Como pretexto puso un exceso de fútbol y agotamiento físico y mental, y aunque fue criticado, muchos no tuvieron en cuenta que Donovan se inició en los rigores del fútbol de alta competencia a los 16 años, cuando fue descubierto por el Bayer Leverkusen alemán.
Desde entonces ha acumulado alrededor de 400 partidos entre internacionales y de las ligas de Europa y Estados Unidos, sometiendo su cuerpo al desgaste físico de partidos y entrenamientos, lesiones y el estrés de constantes viajes y cambios de horarios.
Con la selección mayor de los Estados Unidos, Donovan ha jugado en tres Copas Mundiales, ha ganado tres Copas Oro de la Concacaf y ha sido nombrado como el mejor jugador del año de la selección nacional en siete ocasiones, más que ningún otro futbolista de ese país.
El jugador nacido en Redlands, sur de California, que aprendió a hablar español a la fuerza para poder jugar fútbol con sus amigos mexicanos en la escuela, mantiene una curiosa relación de amor-odio con la afición azteca.
En Los Ángeles, los seguidores mexicanos del club Galaxy le idolatran, y en México, los del Tricolor le aborrecen.






















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