BUENOS AIRES -- Casi siete meses después de haberse despedido, Juan Román Riquelme, el estelar volante creativo de 34 años, decidió regresar a Boca Juniors una vez más, ahora de la mano del flamante director técnico Carlos Bianchi para volver a usar la célebre casaca número 10 que heredó del ídolo Diego Armando Maradona.
Considerado entre los estrategas más habilidosos y cerebrales de los últimos años en el fútbol local, Riquelme había decidido un retiro temporario luego de perder en julio del año pasado la final de la Copa Libertadores ante el brasileño Corinthians, cuando alegó sentirse “vacío”, aunque en realidad estaba distanciado del DT Julio César Falcioni.
Entonces, Riquelme dijo que “ya cumplí todos mis sueños, ahora no sé qué voy a hacer”, y prometió no volver más a Boca, lo que reafirmó en septiembre, cuando suspendió su contrato con el club auriazul en cual es ídolo histórico, a tal punto que el museo de Boca, en las entrañas del estadio la Bombonera, luce una estatua del jugador.
Dueño de un manejo exquisito del balón y una pegada formidable, es a la vez un líder de equipo que atrae admiración de propios y extraños, aunque su estilo no está exento de controversias, ironías y polémicas con entrenadores y periodistas.
De hecho, por temperamento y personalidad, Riquelme fue líder de cada plantel en el que estuvo pero también fue centro de polémicas, como la que mantuvo con Martín Palermo, máximo artillero histórico de Boca.
Su puesto natural es el de “enganche” -enlace- y se lo considera uno de los últimos exponentes de un estilo basado en la capacidad de manejo y conducción.
Hace tres años y medio, se focalizó exclusivamente en Boca luego de renunciar a la selección argentina por una discusión mediática con Maradona, por entonces DT albiceleste.
Al igual que Maradona, Riquelme surgió de las divisiones menores de Argentinos Juniors y llegó en 1996 a Boca, donde en noviembre debutó.
Relegado del puesto por Maradona, entonces titular en Boca, le tocó reemplazarlo el 25 de octubre de 1997, en un superclásico contra River, partido que quedó en la historia por ser el último cotejo profesional del célebre “Pelusa”.




















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