Los que sólo alcanzaron a ver el resultado del primer Superclásico del 2013 entre Barcelona y Real Madrid no imaginarán jamás el extraordinario partido que se disputó este miércoles, en el Santiago Bernabéu, en la ida de semifinales de la Copa del Rey.
Tras los más intensos 90 minutos que se recuerde en este tipo de partidos, la pizarra reflejaba un empate 1-1, dando la sensación de que se disputo un choque bien igualado, cuando la realidad es que el Barça perdonó al Madrid.
Esta vez ni Leo Messi, ni Cristiano Ronaldo resultaron decisivos, los dos mejores jugadores del planeta a pesar de haberlo intentado con todo, fueron presa de sus propias ganas y no pudieron encontrar la tranquilidad necesaria para definir.
El que más brilló fue el joven zaguero del Madrid Raphael Varane, quien con apenas 19 años maniató al Barça salvó dos veces su portería y marcó de cabeza el gol que le dio el empate al equipo blanco, cuando ya parecía que los visitantes sacarían petróleo en la casa blanca.
No fue el clásico juego controlado por el Barcelona con su típico ‘Tiki-taka’, sino un emotivo encuentro de altísimo nivel futbolístico. Por momentos incluso pareció que se disputaba un encuentro de la liga inglesa, por el constante ir y venir de su ofensiva. El mMadrid con muchas bajas hizo el mejor encentro posible ante un once blaugrana que con todas las armas falló las pocas ocasiones claras que tuvo.
En la cancha fue minimizada la distancia que separa a estos equipos en la liga quedando reflejada la igualdad entre estos dos conjuntos que luchan por ser los mejores del orbe, en un choque donde la actuación arbitral por fin paso a un segundo plano.
Tanta fue la calidad de los protagonistas que resulta muy difícil señalar quiénes jugaron mejor y quiénes jugaron peor. Tal vez por el Madrid Callejón, que pareció un niño en un juego de hombres. Un error suyo provocó el gol de Fábregas, que de paso calló las bocas de los que le acusaban de estar haciendo un partido gris.
El Madrid apostó en la portería por Diego López y el veterano guardameta le devolvió la confianza con una memorable actuación que por momentos hizo que no se echara de menos a Casillas, unido a una improvisada defensa que estuve a gran altura. En la medular Alonso y Khedira se multiplicaron, Ozil tiro de la magia y Ronaldo fue una auténtica pesadilla para la zaga azulgrana, que liderada por Piqué también estuvo fenomenal.
Pero si algo hay que destacar del equipo Culé, es su ‘Big Three’, formado por Messi, Xavi e Iniesta. Es una verdadera delicia ver como estos dioses del fútbol manejan el balón, el tiempo, su equipo y hasta a su rival.
La grandeza de Madrid fue que, ejerciendo una enorme presión, logró frenarles y así salir vivo del Santiago Bernabéu.
La vuelta está abierta.


















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