Tal vez para no criticar a una organización rival, Insulza me respondió que "’el hecho de que el presidente de Chile, que no es precisamente un hombre de izquierda ni mucho menos, le entregue la CELAC a Raúl Castro indica un clima de entendimiento y tolerancia que existe hoy día en America latina".
Mi opinión: Con todo respeto, no estoy de acuerdo. Este no es un problema de izquierda o derecha, sino de democracia o dictadura.
Desafortunadamente, Castro, Chávez y otros han logrado hacer resucitar en el discurso político latinoamericano las viejas etiquetas de “derecha” e “izquierda”, rótulos que carecen de sentido en el mundo de hoy, en el que China —el mayor país comunista del mundo— se ha convertido en la Meca del capitalismo.
Como alguien que siempre se opuso a las dictaduras, ya sean de derecha o de izquierda —y que condenó de inmediato tanto el intento golpista de Chávez de 1992 como el intento golpista contra Chávez de 2002—, no creo que la designación del general Castro como nuevo líder de la CELAC sea un síntoma de una “nueva tolerancia” que deba ser aplaudido.
Por el contrario, es una traición a los principios democráticos y de defensa de los derechos humanos por los que muchos han luchado mucho tiempo.
Si los presidentes latinoamericanos quieren ser tomados en serio, deberían o bien eliminar del documento fundacional de la CELAC toda referencia a la democracia y los derechos humanos, o olvidarse de nombrar al general Castro como su nuevo líder.
La CELAC no puede afirmar que defiende la democracia, y al mismo tiempo nombrar como su nuevo presidente al dictador más antiguo de la región.















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