Varios expertos en comercio internacional con los que hablé son cautelosamente optimistas con respecto al nuevo bloque.
“Veo esto como algo más serio de lo que se ha hecho en otros esquemas de integración anteriores”, me dijo Antoni Estevadeordal, director de la división de integración y comercio del Banco Interamericano de Desarrollo. “Si hay voluntad política para acompanar el proceso, creo que podemos ver algo muy distinto y promisorio en la región”.
Osvaldo Rosales, director de la división de comercio e integración de la Comisión Económica para America Latina y el Caribe de las Naciones Unidas, me dijo que “es una iniciativa interesante, con mucho potencial, pero que podría haber sido aun mas ambiciosa".
Rosales explicó que la Alianza “busca la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas, pero sólo en materia de bienes pone un plazo de iniciación preciso a fines de este ano. En los otros tres temas no hay plazos".
Mi opinión: la nueva Alianza del Pacífico tiene sentido por una razón muy simple, que es que ningún país latinoamericano por sí mismo —ni siquiera los más grandes, como México— tiene la capacidad necesaria para exportar productos manufacturados en gran escala a los gigantescos mercados asiáticos. Si los países latinoamericanos quieren vender autos, heladeras o zapatos a Asia, tienen que crear cadenas de producción conjuntas, y negociar acuerdos de comercio de manera conjunta.
Los cuatro miembros del nuevo bloque, más Panamá y Costa Rica, si se unen formalmente al grupo, tienen ante sí una oportunidad de oro. Sigo siendo respetuosamente escéptico sobre la Alianza del Pacífico, pero mucho menos que con respecto a los otros bloques comerciales y políticos que han surgido recientemente en la región, porque arranca con bases mas concretas.















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