Fin de las sanciones no tendrían un impacto inmediato en Cuba

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By FRANCES ROBLES
frobles@MiamiHerald.com
Imagínese los dorados arcos de un McDonald brillando en el Malecón de La Habana. Largas colas en un Home Depot en el Vedado. Acaudalados cubanoamericanos tomándose un café en un Starbucks en La Habana Vieja.
Estas son algunas de las imágenes que evoca una Cuba después del embargo, donde los especuladores se avalanzarían sobre un mercado de 11.2 millones de personas que, en gran medida, tiene una gran escasez de bienes de consumo desde hace décadas.
"Uno de los grandes mitos es que el día que se levante el embargo va a ser la hora de Burger King en La Habana'', declaró Robert Muse, abogado de Washington que representa compañías europeas que hacen negocios en Cuba. "Eso es una tontería. No será nada muy público o muy visible''.
Pocas veces desde que John F. Kennedy era presidente ha habido tantos rumores sobre el embargo. Aunque el presidente Barack Obama siempre ha apoyado públicamente las sanciones comerciales y ha hecho poco contra ellas, durante un tiempo este año los activistas contra el embargo pensaron que nunca había habido un momento mejor para abolirlo.
Pero si las sanciones comerciales establecidas inicialmente por el presidente Eisenhower hace 49 años se levantaran hoy, los expertos consideran que los resultados apenas serían visibles en Cuba, que tiene una fuerte escasez de dinero. Si la isla quisiera franquicias de restaurantes y cadenas de tiendas, ya las tendría de firmas europeas.
Así que aunque compañías y empresarios de todo Estados Unidos tengan planes de negocios para la Cuba después del embargo, con la esperanza de que el cambio pueda llegar pronto, es necesario ajustarse a la realidad. Si se levantara el embargo con el gobierno de Raúl Castro, las autoridades controlarían estrictamente todas las transacciones y harían falta años para establecer los necesarios sistemas jurídicos y comerciales para poder operar allí.
Aunque una avalancha de turistas estadounidenses invadiera las costas cubanas, el gobierno trabajaría intensamente para mantener un estricto control sobre lo que pudiera provocar inestabilidad política y social, mientras trata de resolver los graves problemas de infraestructura cuya solución no puede pagar. Según los expertos en el embargo, el gobierno cubano está más interesado en los ascensores Otis que en las zapatillas Nike.
Las tiendas cubanas están llenas de televisores de pantalla plana y de gafas de sol Ray-Ban. Lo que Cuba no tiene --y lo que la gente espera que pudiera traer un levantamiento del embargo-- es la infusión de efectivo que permita reanimar la economía.
Al igual que muchos otros en La Habana, Yenny, una empleada de limpieza de 36 años de Holguín, no puede pensar en nada que el embargo le haya impedido tener. Lo que ella quiere del país cuando termine el embargo es la forma de poder comprar esas cosas.
"Aquí uno ve mucha gente rica, gente con carros, con teléfonos celulares, con cadenas de oro. Pero yo no puedo comprar nada de eso'', comentó. "¿Usted sabe lo que cuesta el oro? Es mucho dinero''.
El embargo empezó en 1960 tras varios enfrentamientos entre Washington y La Habana. Las petroleras estadounidenses se negaron a refinar petróleo soviético, así que Cuba expropió las refinerías de Texaco, Esso y Shell. Eisenhower primero detuvo las importaciones de azúcar cubano y luego todas las exportaciones a la isla.
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